Viernes, 15 de enero de 2010

 

LA POESÍA  COMO UNA PEDAGOGÍA  Y LA EDUCACIÓN BÁSICA

INTRODUCCIÓN

Otro día en un espacio inventado conversabamos esa relación entre la poesía y la pedagogía. Y nos decíamos :  "La pedagogía es poesía". ¿ Por qué ? La poesía surge para nosotros como una manera de arte, de expresar lo que somos y de proyectar eso que somos hacia el mundo. Es una manera de expresión, pero también de reflexión.

Reflexionamos a medida que expresamos. La pedagogía por otra parte se constituye como una manera de actuar sobre nuestro entorno. Y de reflexionar también, en la medida que acompañamos a otros en su propia reflexión.

Podríamos decir que el profesor reflexiona al acompañar a otros a reflexionar. Juntos, profesores y estudiantes, escriben esa poesía del proceso pedagógico. Poema en versos diarios, escritos sobre una relación que se forja semanas tras semanas.

A veces es difícil pensar la educación como una ciencia - tema de debate aquél sobre si se trata más bien de un arte. Y como arte, el lenguaje poético nos parece una manera interesante de transmitir su quehacer.

DESARROLLO

La escuela sigue siendo, a pesar de las innovaciones tecnológicas y los cambios pedagógicos, el lugar de leer, escribir y sacar cuentas. La oralidad fue relegada al recreo, a los amigos, fue desterrada de la clase y hasta hace muy poco la educación se ha dado cuenta de este gran error histórico. Existen numerosas experiencias de enseñantes en Occidente que están encontrando nuevas modalidades educativas en las cuales la lengua oral ocupe un lugar destacado. Además, estas técnicas no solamente se deben utilizar para mejorar la expresión oral, sino también para formar, para educar la mente y el alma de los estudiantes. Y es aquí donde cada vez más va a jugar un papel primordial  la poesía.

Como dice el escritor alemán Jurg Studer: “El arte de convencer y entusiasmar a los demás por medio de la palabra acertada, por medio de un discurso convenientemente estructurado y a través de la entonación y acentuación oportunas es algo que se puede aprender”. Y el escritor italiano Renzo Zucherini anota: “... las mismas estructuras educativas, como la escuela, nos han preparado (durante años y años de ejercicios de lengua) para redactar, no para enfrentarnos a la más elemental situación de comunicación en la sociedad moderna”. Y podemos agregar que de la capacidad de comunicarnos depende la construcción de una sociedad más justa, de democracias más reales y participativas, de personas más capaces y seguras para elaborar y exponer ideas en un mundo donde tenemos que tomar más y más las riendas de nuestro destino.

El arte de hablar bien era tan importante para los griegos, que los primeros filósofos estudiaron y analizaron cada aspecto de la comunicación, desde el manejo de la información, hasta la forma de presentarla. La expresión oral era tan importante que su enseñanza fue promovida desde la primera infancia y el éxito de los grandes oradores, tanto en Grecia como en Roma, fue tan grande que su posición social, poder político, status económico, dependió de esta capacidad. Igualmente, el éxito de los Poetas, orales todos hasta la popularización de la escritura, dependió del domino de la declamación o expresión oral de sus textos.

En la época en que vivimos no necesitamos ser grandes políticos, juristas elocuentes o un popular conferencista – o un pastor que aglutine multitudes – para vernos en situaciones donde la clave del éxito personal o profesional, dependa de la capacidad que tengamos para expresar de forma clara, segura, directa y convincente, nuestras ideas, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos hacia una persona, un grupo de oyentes o a través de los medios de comunicación, a un público que nos escucha.

Con frecuencia se albergan hacia la poesía en la escuela  mayores recelos que hacia otros géneros, el cuento, por ejemplo. Se tiene una visión «académica», casi tiesa en su rigidez de obra acabada, de poema firmado. No digamos ya hacia la actividad poética de los propios niños. Se ignora o se olvida en ambos casos que existe en origen una íntima vinculación entre lenguaje poético e infancia.

Consideremos este último punto. Ciertamente, la poesía en cuanta desviación del código habitual, uso impertinente de la lengua como lo calificara Jean Cohen está cerca del niño que, sin las exigencias de la lógica que se impone el adulto, se acerca al lenguaje con los sentidos alerta y la capacidad de asombro intacta. Desde que es un bebé, escucha el encanto de la sucesión rítmica y el juego de los sonidos, disfruta con el fluir de los nombres y su capacidad de sugerencia y goza con la repetición y creación de palabras, combinaciones insólitas y biensonantes de sílabas y vocablos que muchas veces no significan nada. Es la función lúdica del lenguaje que decía Francisco Ynduráin, la que vive y se recrea en muestras numerosas en el habla infantil, los juegos tradicionales, la poesía folclórica. Y así López Tamés (1990) indaga en esta pareja natural de juego y poesía el origen mismo del hecho poético: la huida de la esclavitud del pensamiento lógico y los carriles rígidos de la lengua convencional.

Sin embargo, el gusto natural que el niño tiene por escuchar y crear palabras hermosas, por inventar y descubrir significados, se va perdiendo con los años. Sólo el fracaso de una educación que no acaba de aceptar que el juego y la imaginación son espléndidas formas de conocimiento y que, en lugar de impulsar capacidades las ahoga, explica el hecho irrefutable de que los niños no desarrollen sus potencialidades creativas, aplastadas por el absolutismo de los «saberes útiles» que ocupan de manera absolutista su tiempo en la escuela. Afortunadamente, muchos educadores se están dando cuenta de la mucha inutilidad y fracaso que genera esa educación puramente pragmática que, además de asfixiar posibilidades, aburre mortalmente a los niños y por distintos caminos tratan de alimentar la fabulación, perseguir las historias mágicas plenas de belleza y de sentido existencial, nutrir la fantasía, buscar la respuesta estética a las grandes preguntas, abrir las puertas a la creación infantil facilitándole recursos... En el campo de la poesía hay grandes aportaciones bien conocidas: Janer Manila, Víctor Moreno, Federico Martín, Ana Pelegrín... y a la cabeza siempre Gianni Rodari a cuyo ingenio y lucidez debemos los pilares de la pedagogía moderna de la creatividad.

El uso total de la palabra para todos me parece un buen lema,

de bello sonido democrático.

No para que todos sean artistas,

sino para que nadie sea esclavo.

                                                                                            Gianni Rodari (1979,9)


Tags: Poesia, Pedagogía, Educación Básica

Publicado por gladysg @ 17:25  | Investigaci?n
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